miércoles 11 de enero de 2012

LAS AVES... (*)


Tejiendo están los pájaros
el cáliz del fulgor que queda al día.
Me adentro en este cáliz. Mas las aves
no habitan en la luz, viven la luz, la crean.
Como crean el aire con su vuelo.
Hoy los pájaros
sobrevuelan un orden, su camino
va más allá del vuelo de los pájaros.
¿De dónde, si no,
los ardidos acordes de esta música,
la orfebrería de estas horas de plenitud celeste
ante un sol fugitivo? Porque
hoy las aves que fueron
han venido de lejos
a llenar mi mirada en estos pájaros.

Ah misterio del vuelo desde el dolor del aire.
Con qué belleza asisto a su súbita muerte.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De En la ebriedad del bosque

AVE DE ABRIL (*)


Sobre las mansas lindes de la noche
el oro se levanta audaz, henchido
como espiga en sazón que señorea
por los húmedos pliegues de la tierra desnuda;
es el ave de abril,
que muestra en plenitud su pecho.
Todo cuanto desvela el día al mundo
sabe de mí, y yo me sé en todo.
Germina la mirada y leo en los renuevos
que es eterna la aurora hacia el naciente,
que no puede morir este bullicio
con que se anuncia en la memoria
la muelle madrugada de un abrazo.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De En la ebriedad del bosque

PÁJARO MUDO (*)


Todavía resuenan los ollares
de los últimos potros que se alejan.
Y me miro y me adentro
en los mordientes de las aguas blancas.

Aquí se erige la quietud
como pájaro mudo y el silencio
grita al áspid del claro que se asoma
desde el húmedo seno de lo umbrío.

Alzo al aire mis manos y no hay ruta ni vértice
ni nada que me alumbre.
¿Qué estoy haciendo yo
en medio de esta soledad
que me anuda al paisaje,
que me hila en su rueca de niebla?

Y pregunto insistente...
Y digo tiempo, tiempo, tiempo.
Y palmeo en el polvo de este muro
para nublar el ojo,
para ocultar quizá con ello
que hace tiempo que sé que no hay respuestas.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De En la ebriedad del bosque

viernes 23 de julio de 2010

CAMPO ABIERTO (*)


En el revuelo de las aves negras
el viento desleía como un ácido
la tierra desasida.
                               Y yo, oculto,
aún duraba
en el fragor aquel, a campo abierto,
sin saber todavía qué camino
llevaba al encumbrado norte de la noche
o a la deriva extrema de la luz.
«El llanto del amor —me dije— clama ahora
en el enorme pájaro celeste
que, herido, se desploma de la tarde».
Porque al fin comprendía
que era yo el que caía en aquel pájaro.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Íntimo extremo

ÁFONO CANTO (*)


Aquel tiempo fluía a mi favor
y yo lo consumía, en su abundancia,
como parte de mí. Todo era nuevo
y todo uno.
Y el mundo echó a rodar
y con él este tren de niebla donde ahora
voy preguntándome por qué me desconocen
tantas sombras sin rostro y se me borran,
por qué se ha vuelto el tiempo hostil, por qué me ciega
la luz que nunca había herido el ojo
y oscureció aquel día
en que se encaramó a mi voz el mirlo
que prorrumpió en el aire, gutural,
y que ondulaba,
tardes atrás, en vuelo sobre el agua,
los pliegues en la falda de cristal
—por su vientre extendida— de la alberca.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Evidencias del paisaje

domingo 22 de noviembre de 2009

CON UN SURCO EN EL CIELO (*)


Con un surco en el cielo me convoca
un ave que se aleja niebla adentro.
Y asisto a su agonía, a su anunciada
disolución en el rigor del aire,
a la voz encumbrada de su muerte.
Queda un hueco en el alma y la esperanza
tiene el frío mojado de un invierno
vacío. Mas el mundo se sucede:
la niebla se levanta lentamente,
como un telón, hasta un azul desnudo.
Y aquel ave, de súbito, regresa,
recompone cenizas, toma forma
(aún guarda el sudor en su plumaje).
Sus ojos, muy abiertos, son de nieve.
Yo sé que me preguntan en silencio
quién es, quién era aquél que un día,
con voz de mansedumbre, cara al cielo,
alargaba su mano de mendigo
hacia la mies del tiempo, como un surco.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Reflujo

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jueves 19 de noviembre de 2009

EL SENDERO (*)




I

El vuelo. ¡Qué
ardido acabamiento
del sueño el pájaro!

II

Bullicio de hojas;
pica las moras agrias,
en vuelo, el verde.

III

La miel, la cera
en el panal del mundo.
¡Eterna abeja!

IV

Tarde en tus ojos;
retornan las cigüeñas
serenidad.

V

Fiel sigue el eco
del pájaro en los trigos;
el Sol en alto.

VI

Ecos de sombra,
las aves incendiadas
en fuga súbita.

VII

La primavera
desala, año tras año,
los colibríes.

VIII

Buscando atajos
la mariposa viene
¡desde tan lejos!

IX

Entre la nada
y tú por el sendero,
vuelan los pájaros.

X

Junto a la acequia
bordan sus trinos aves
y aves trinando.

XI

Ha vuelto a mí
un gorrión que de niño
tuve en mi mano.

XII

La rosa muere
(¡y su vida es tan corta!)
pétalo a pétalo.

XIII

Toco las plumas
del ave del arco iris.
¡Todo es ausente!

XIV

El verde-alondra.
Y el agua pone notas
bajo sus pórticos.

XV

Zumban aromas
sobre la flor batiendo
inflorescencias.

XVI

Bullen las aves
y hacen de hojas sonoras
del canto un árbol.

XVII

Aunque atardece,
todavía es la aurora
del verderol.

XVIII

En primavera
alean pensamientos
las mariposas.

XIX

Por la maleza,
entre cañas tupidas,
un aleteo.

XX

Libada, en alas,
la flor bate colores
de mariposa.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Álbum rural:



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domingo 15 de noviembre de 2009

OTRO CANTO (*)


Algarabía de la luz contra el estéril
bordón de las campanas incendiadas de agosto.

He venido al cobijo que alimenta
este clamor de pájaros.

Como súbito fondo del sendero
una línea imprecisa marca el límite
o acabamiento del fulgor sobre la sombra.
Arden los campos.
Puedo ver bajo el ocre
un seno de quietud, su sofocado poso.

La luz es de poniente, denso el aire.
Y quiero retornar,
abandonarme a la secreta
ladera florecida de otro canto.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Fragmentos de una búsqueda

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AZAR O DESTINO (*)


Un revuelo de pétalos de nieve
eclipsa una silueta en mis alares
requiriendo su fruto.
La veía mirar desde la cima
como si fuera un dios sobre el crepúsculo.
La veía mirar y, sin embargo,
su mirada era en ella
entre azar y destino.

Mis manos eran seda en la blancura
de su simiente oblicua.

Cuando el fruto quebró,
de su seno alzó el vuelo
la lava de un volcán hecho paloma,
y ella tiñó los ojos de amarillo.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Evidencias del paisaje

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viernes 7 de agosto de 2009

EL CLAMOR DEL PÁJARO


De todos los pájaros que oigo entonar,
uno sube el timbre de su trino duro.
Redobla doliente nostalgia.

Oye con el dejo triste de los solos
el convoy perdido en la oscura tarde.
De a ratos se ahoga en su queja.

Entre nubes frías, el cielo insensible
se niega a escuchar el dolor a gritos.
Irradian sus ojos angustia.

El ave y su pena deciden partir
en la singladura del nocturno viento.
La noche es un mar de naufragios.


Autor: Óscar Distéfano

jueves 25 de junio de 2009

PÁJARO ROJO


Pájaro rojo, corazón del día,

di, ¿qué espinas te apremian?

Pájaro brujo, ¿en qué sangre te meces?

Pájaro corazón, ¿por qué no vuelas?

¿Qué vivas ligaduras te retienen?

¿No ves el cielo azul, pájaro rojo?


Autor: Javier Aguirre Ortiz

miércoles 3 de enero de 2007

AMANECE (*)


Amanece y el cielo azul consuma
la pleamar del aire.
Vuelve a avivar la urdimbre de la vida
el alegre entramado de los pájaros.
Han vuelto a mí
como el naciente sol a un huerto umbrío
a traerme en la voz de aquellos días
un varado fulgor de olor antiguo,
el calor de unas brasas consumidas.
¿Y es esa luz que llega agonizante
cuanto cabe esperar
poder tocar para salvarse
antes del orto en que se agolpa el tiempo?

Amanece y ya el alba es fugitiva.
Como carne de flor me entrego al aire.
No tornaré jamás. Acaso un día
amanezca también en otros pájaros
este incendio fugaz,
este vaivén furtivo
de alas efímeras ardiendo.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Reflujo

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sábado 23 de diciembre de 2006

SPECULUM (*)


Desde su fúlgida atalaya
las gaviotas hilvanan los salinos
jirones de las olas.
Son halcones
a la osadía plata de los peces.
Y éstos, en vórtice,
hondones enhebrados en el vuelo,
izan el hilo de cristal que quiebra
su delirante voz de azul lejana
hasta la bóveda exterior del mundo.

Y esta imagen borrada
vuelve ahora encendida
en el cenit celeste,
su frontera,
a clavar en el aire
como un álgido filo de cuchillo
el enigma del ave -llama a oscuras-
y se ahonda en el alma hasta alcanzar la noche.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Reflujo

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EL VUELO (*)


Recorren mis pupilas
los ámbitos profundos
entre lentos abrazos,
                                      alas,
audaces ondas de alargadas manos frágiles.
De súbito, me yergue,
me arrastra el vuelo hasta la blanca cúspide
del vértigo y, tendido, en abandono
por sus anchas banderas,
bebo el secreto cristalino de la altura.

A los pies del vacío una gaviota
yace en asombro muda,
áptera, ciega, encadenada.
                                                  Y yo,
con la voz sofocada de los náufragos,
en silencio, sin pausa, voy muriendo.


Autor: Felipe Fuentes García

(*) De Reflujo

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